Para nadie es un secreto que ninguno de nosotros imagino siquiera que, en su vida, le fuera a tocar vivir los rigores de una pandemia y lo cierto es que aquí estamos todos los seres vivos de este planeta, viviéndola en cuerpo y alma, y necesitamos adaptarnos a los cambios para que la vida siga su curso de la mejor manera posible.

Es importante reflexionar sobre lo que significa para los niños, niñas, adolescentes y sus familias, estar confinados, no tener escuela ni trabajo presencial, adaptarnos a la virtualidad y, sobre todo, estar tanto tiempo juntos en un espacio donde no estábamos acostumbrados a estar.

Sin duda, la casa, el hogar, la compañía de los abuelos y otros adultos significativos para los niños, niñas y adolescentes son espacios vitales en sus vidas, pero también es cierto que estar tanto tiempo juntos y a veces en espacios físicos reducidos, conlleva cambios y adaptaciones en el cotidiano vivir y además se presentan riesgos en la salud física, mental y social de todos sus miembros.

Compartiremos algunas recomendaciones con el fin de que esos riesgos se minimicen lo máximo posible y podamos mantener un ambiente saludable y armónico en familia.

 

MANTENER RUTINAS Y HÁBITOS

 

Es vital conservar prácticas y hábitos igual que venían cumpliéndose con anterioridad sobre todo en lo que respecta a la alimentación, sueño, aseo corporal diario, lavado de dientes, responsabilidad con sus juguetes y pertenencias de acuerdo con sus capacidades y tener una rutina para sus tareas escolares, actividades extracurriculares y terapias en la medida que se puedan desarrollar en la virtualidad o presencial con atención domiciliaria.

 

 

Empecemos con la alimentación. Es conveniente mantener las 5 comidas principales al día, evitando la “mecateadera” frecuente y las comidas a deshoras.  Es además una invitación a ser ordenados y juiciosos con lo que mercamos.

Importante que comamos en la mesa del comedor, sin distracciones de juguetes o pantallas y al menos 1 vez al día acompañados con los miembros de familia, ahora que estamos más tiempo en casa ideal compartir todos durante desayuno, almuerzo y cena.

Aprovechemos este tiempo que estamos en casa para instalar hábitos saludables, logremos que la nutrición y la alimentación influyan de manera positiva en la salud cerebral y la calidad de vida.

 

Sigamos con el sueño. Procuremos mantener un horario claro y establecido para ir a la cama, aun cuan los adultos tengan un horario diferente.  Ideal que cada niño duerma en su propia cama ya sea una habitación individual o compartida, sintiendo este lugar como un espacio de intimidad y respeto. Importante que mínimo sin interrupciones frecuentes del sueño, se descanse 8 horas diarias en la noche, sin hacer siestas largas ni pasar largas horas en la cama en el día cuando deberían estar haciendo otras actividades. Se recomienda evitar las pantallas al menos 1 hora antes de irse a la cama.

 

De igual manera es muy importante mantener las rutinas del aseo corporal y el lavado de dientes, especialmente en este momento donde el aseo es parte fundamental para controlar el contagio con el coronavirus.

 

En cuanto a las tareas diarias como deberes escolares, terapias y responsabilidades sobre sus pertenencias, aprovechemos este tiempo para mantenerlas lo más cercano posible a lo que los niños ya vienen haciendo desde antes y, si no han instalado en los niños y niñas, aprovechemos para acompañarlos en este logro tan importante. No veamos la casa como una molestia para la enseñanza, por el contrario, volvámosla una fortaleza para el aprendizaje.

 

Dentro de las actividades diarias de los chicos, las normas proponen que los niños y niñas menores de 12 años no deben estar, excepto por sus tareas y las comunicaciones virtuales con sus familiares, más de 2 horas entre las diferentes pantallas como son TV, computador, tableta, teléfono celular, juegos digitales, etc.

El exceso de contacto con las pantallas limita entre otras cosas, la posibilidad de tener actividad física, juegos de mesa, interacción con las demás personas de la casa.

 

En conclusión, debemos mantener rutinas y hábitos lo más cercano posible a su cotidianidad para que no se altere su ritmo de vida. En el método Lupines, esto hace parte integral de la terapia, mantener las rutinas en el tiempo brinda seguridad y estabilidad, cambiarlas bruscamente puede alterar a los niños y niñas, pueden ponerse ansiosos y les resta seguridad. Uno de los mayores propósitos que tiene la terapia integral es alcanzar mayor independencia física y autodisciplina para favorecer el mejor desarrollo posible teniendo en cuenta las capacidades de cada uno y cada una.